La increíble (y triste) historia de la elefanta Judy por Santa María la Ribera

Por: Ruvalcaba**

Hubo una larga madrugada en que cinco elefantes vagaron por las calles de la Ciudad de México. Esto aconteció el 30 julio de 1958. La peripecia inició con el arribo a la capital del ferrocarril que transportaba cinco elefantes traídos directamente desde el zoológico de Miami, como parte de una compra del gobierno de México. Sin contratiempos y después de viajar por toda una semana: Sheeta, Yamina, Ronnie, Tears y Judy llegaron sanos y salvos a la estación de Buenavista. Hasta ese momento nadie se imaginaría la sorpresa y destrucción que uno de ellos ocasionaría.

Por ciento cincuenta mil pesos, el gobierno adquirió cuatro elefantes jóvenes y el zoológico de Miami decidió enviar un regalo, o sea, un pilón: Judy, una elefanta que perteneció al circo Ringling Brothers, de 35 años (bastante mayor para estar en cautiverio, pues el promedio de vida es de 20 años). Quizá decidieron deshacerse de ella por su edad y por su carácter siempre inquieto y rebelde.

Cuando todo parecía que transcurría con normalidad, y a punto de ser trasladados del tren hacia otros vehículos que los llevarían a su destino final: El zoológico de Chapultepec, Judy se alteró bastante al escuchar el fuerte silbido de un tren en Buenavista. Escapó inmediatamente y los cuatro elefantes jóvenes siguieron su ejemplo. Primero, todos tomaron la Ribera de San Cosme y a la altura de Naranjo se separaron. Judy se internaría por esa calle hacia Santa María la Ribera.

El paso de Judy por Naranjo fue caótico y causaba estragos por doquier afectando ventanas, automóviles, motocicletas, postes de luz, casetas telefónicas, juguetes de niños, locales comerciales, etc. Los vecinos que circulaban a altas horas de la noche, no daban crédito a lo que veían. Se cuenta que hasta un borrachito dijo: “¡Ay compadrito, ahora si le juro que no vuelvo a tomar, pues ya hasta elefantes veo!”.

En la calle de Carpio, Carlos Cruz García, de 54 años de edad, vecino de la colonia se dirigía a su domicilio en la calle de Santa María la Ribera #117, pues acababa de salir de una fiesta en Cedro, -con unos tragos de más según reportes de la policía-, imprudente y envalentonado, tomó la cola de Judy, enfureciendo inmediatamente a la elefanta, quien con su poderosa trompa agarró a Carlos, lo azotó contra el piso y con su fuerza de dos toneladas y media lo aplastó, causándole varias fracturas que le dieron la muerte automática. “Retumbaba el piso con sus pisadas, pero no pensamos que fuera a atacarnos. Eso sí, de momento nos quedamos paralizados, sin saber qué hacer. No puedo negar que sentí mucho miedo”, declararía la viuda de Don Carlos.

Existen dos versiones al respecto, una, dada por el cronista Carlos Martínez Assad, quien señala que Judy mató a Don Carlos en la esquina de Carpio y Cedro, y la otra, más arraigada entre los vecinos de la colonia, es que Judy lo aplastó en el interior del famoso servicio automotriz “El Siete y medio” en la esquina de Carpio y Ciprés (hoy Torres Bodet). Lo que es cierto, es que Judy si entró a ese lugar y destruyó un automóvil Buick muy valioso. Para recordar la presencia de Judy en Santa María y en el autoservicio, el “Siete y medio” mandó hacer una pintura con la imagen de la elefanta.

Lamentablemente, la gentrificación y la explosión inmobiliaria se llevaron dicho mural, pues aunque el museo de Geología le rogó a los desarrolladores de Jaime Torres Bodet #178 (Vira Arquitectura y Factor Eficiencia),  estos se negaron y destruyeron la pintura de Judy, junto con los hermosos techos de estilo paraboloide hiberbólico del “Siete y medio” (que algunos afirman que fue diseño del mismísimo arquitecto del Palacio de los Deportes: el español Felix Candela).

Fotomontaje hecho por Wishmaster con Judy en tiempos actuales y a la izquierda la pintura del extinto Siete y medio.

Después del episodio de Carpio, Judy se dirigió hacia el poniente, cruzando lo que conocemos ahora como el Circuito Interior hasta llegar a la colonia Anáhuac, y exactamente en la calle de Laguna del Carmen #15, su domador, Charles Butler, la pudo controlar, amarrándola a las rejillas de la ventana de una casa, pudiendo así ir a rescatar a los cuatro elefantes jóvenes que se encontraban frente a la Escuela Normal Superior. Butler narró más tarde que como eran muy dóciles, los cuatro se engancharon de las trompas a las colas y fueron llevados directamente al zoológico de Chapultepec.

Ya de regreso a la Anáhuac, Butler, junto con Jean Schoch (domador de Chapultepec) intentaron meter a Judy a un camión de redilas, pero el flash de un fotógrafo la asustó, rompió las cadenas que la ataban y escapó de nuevo. Caminó por el parque Salesiano y atravesó varias calles hasta llegar exhausta y herida al Callejón de la luz en la Colonia Pensil. Ahí llegaría su triste desenlace, pues, ante el inminente amanecer y con ello el aumento de la circulación de coches y personas, el “regente de hierro”, Ernesto Uruchurtu, dio la orden de asesinarla. Finalmente, a las 6.05 de la mañana, con diez balazos en su cuerpo, Judy moriría.

Los vecinos de Santa María, siempre recordaremos a Judy: un ser vivo que nunca debió estar a miles de kilómetros de su hábitat natural, y quien fue un animal más de los tantos que el ser humano ha asesinado para satisfacer sus placeres.

Con información e imágenes de Carlos Villasana y Ruth Gómez del Universal, Carlos Martínez Assad, Hildegardo Pirapucheta, «El Wishmaster expulsado del infierno», Dememoria.mx y Tu Casa Tv

** Ruvalcaba es vecino de la colonia desde hace más de 30 años, tiene estudios de Maestría en Comunicación y actualmente es profesor de la FCPyS de la UNAM. En 2016 fue nominado al “Premio Ciudad” como ciudadano del año en CDMX, por sus crónicas y tours por Santa María la Ribera, así como la fundación de la primera radio local comunitaria y un cineclub.

Contacto: diegoruvalcaba@gmail.com

5 comentarios:

  1. Gloria Valdez

    Me encantaría recibir sus comentarios Saludos

  2. Sylvia Granillo Vázquez

    Yo nací en el 55 y escuché esta historia contada por un bohemio, como los de antes, en referencia al borrachito que se asusto por borracho, pues si a hadta veía elefantes

  3. Una buena historia pero con un final muy triste

  4. Daniela Vélez

    Increíble historia. Pobrecita Judy. Hay mucho que aprender de esta crónica. Gracias por la historia.

Responder a santama6 Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *