Los fantasmas de la Alameda de Santa María la Ribera

Por Diego Ruvalcaba*

Desde épocas coloniales, por las calles de la Ciudad de México, prevalecen una gran serie de mitos y leyendas en torno a fantasmas y apariciones. Las almas en pena han elegido Santa María la Ribera, como uno de sus lugares favoritos para deambular.

Imelda López Orozco, vecina de toda la vida de esta colonia, afirma que no es casualidad que aparezcan tantos fantasmas en esta zona, ya que desde tiempos inmemoriales se menciona que esta parte de la colonia fue el cementerio donde se depositaban a los muertos del Rancho de Santa María. Recordemos que a mediados del siglo XIX, lo que hoy era nuestra colonia, en realidad eran las afueras de la Ciudad de México y que el Rancho Santa María era inmenso: se extendía desde Nonoalco -hoy Flores Magón- hasta Santa María la Redonda -allá por la colonia Guerrero-.

Aquí presentamos, algunos de los fantasmas más famosos alrededor de la Alameda de Santa María la Ribera.

casonaaragonCasona de Aragón
Los vecinos cuentan que en el tiempo que estuvo abandonada la Casona de Aragón de Pino 215 (hoy Dr. Átl), se aparecía una señora muy conversadora por las madrugadas. Quien hoy suscribe, entrevistó hace dos años a los meseros del restaurant que había antes que el gimnasio. Sin conocer la historia setentera, los meseros me confirmaron haber visto a altas horas de la noche a una señora, pero obvio, corrieron despavoridos antes de constatar si tenía una amena charla.

 

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Los marinos
Nuestra querida vecina Imelda nos contó que en donde hoy es el Colegio Hispano Americano, existía un dormitorio de monjas. En esos tiempos había un par de ladrones que aterrorizaban a toda la colonia y se metían a las casas. Los ladrones ingresaron al dormitorio de las monjas, -se dice que con la intención de robarles, pero también de violarlas-. La pareja de delincuentes salió despavorida y fue atrapada unos predios más adelante. Estaban muy alterados y refirieron que afuera de cada dormitorio de las monjas había un marino cuidando la entrada. Evidentemente no existían tales marinos, pero alguien recordó que años antes, en ese lugar hubo una sede de la Secretaría de Marina. En este caso, al parecer, los marinos salvaguardaron a las monjas de la catástrofe.

 

imagesLa mano peluda
Hay quienes afirman que la original mano peluda es original de Santa María la Ribera, leyenda que se remite a 1905, cuando un usurero chaparrito y regordete de apellido Garza, presumía por toda la colonia anillos y cadenas en sus manos. El usurero no era querido por la comunidad de Santa María, quienes, debido a su profesión y a su excesiva ostentación, le lanzaron la famosa maldición: “¡Que se le seque la mano!”. El usurero murió, y se dice que en el Kiosco, los días martes y jueves en las noches, aparece arrastrándose la mano del usurero, aún con sus cadenas y anillos, y quien osáse tocarla, le sacaría los ojos.

Hace muy poco, en el grupo de Facebook de la colonia, varios vecinos reportaron ver un monje en el Kiosco Morisco durante la madrugada.

La Casa de Cultura
Recordemos que antiguamente la Casa de Cultura era la sede de la “Casa del estudiante sinaloense”, quienes a la larga se volvieron el azote de los vecinos, pues robaban a los transeúntes. Cuentan algunos vecinos que incluso llegaron a violar y matar mujeres en la Alameda. Tal era su violencia que hasta derribaron un helicóptero, y esa fue una de las razones por las que el Departamento del Distrito Federal, decidió desalojarlos utilizando la fuerza pública. Cuenta la leyenda que a algunos delincuentes, la policía los mató y enterró ahí mismo, y que algunas noches se aparecen en la zona posterior de la casa, que fue una cancha de fútbol y que hoy en día es un anfiteatro sin inaugurar.

Museo de Geología.
13938595_1228087790576380_422571337718930534_nYolanda Sierra, autora del libro “Guía de fantasmas de la Ciudad de México”, fue directora de la Casa de Cultura de Santa María la Ribera en 1997 y cuenta en su libro que en una noche oscura se le descompuso su coche y un cuidador uniformado del Museo de Geología estuvo acompañándola hasta que llegó el mecánico. Tal cuidador nunca fue visto por el mecánico y cuando Yolanda quiso agradecerle, ya se había esfumado. Sobra decir que los veladores del Museo de Geología nunca han estado uniformados de la manera en que Yolanda lo vio.

En la actualidad, los guardias del museo nos contaron que han escuchado en múltiples ocasiones aproximadamente a las 3 de la mañana a un grupo de niños jugando, riendo y botando una pelota por los patios interiores del museo.

Leyendas-mexicanas-Niña-FantasmaJaime Torres Bodet 172 y 174.
En los inmuebles vecinos al museo también se ha aparecido una niña (en esa zona antiguamente había un colegio de “señoritas”) y en algún tiempo hubo un espíritu chocarrero que jaló de los cabellos a una vecina en las escaleras de uno de los edificios. Existió también durante años una mujer de avanzada edad que se aparecía en uno de los departamentos y hasta jugaba con las mascotas.

Todo esto, ¿será verdad ó fantasía? ¿Leyenda, mito o historia? ¿Y tú vecino, qué historias de fantasmas conoces por la Alameda o en cualquier punto de nuestra colonia?. ¡Compártela por aquí o en nuestras redes sociales para acrecentar el historial de leyendas de fantasmas santamarienses!


* Diego Ruvalcaba es vecino de la Santa María la Ribera desde hace 29 años, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y director de santamarialaribera.mx, Radio y Cineclub Santa María la Ribera. El autor agradece a Imelda López Orozco y a Jorge Pedro Uribe por su incalculable ayuda para la realización de este artículo.

2 Comments:

  1. Rosa Maria Ruiz Sarabia

    Me gusta que se rescaten estos mitos o leyendas, pues es parte de nuestra cultura , les agradezco.

  2. te falto, mencionar al barrendero fantasma, recorre varias calles de la colonia, y que yo desde que me cambie hace 20 años todas las noches lo escuchaba a las 2 am frente mi edificio , en la calle de pino127 (dr atl), y ahora lo escucho a la misma hora en chopo y sor juana, por un tiempo imagine que solo era alguien sin nada que hacer, hasta que un dia me desvele , comence a esuchar el sonido de la escoba barriendo y nada, baje y no habia ni un alma, me regrese corriendo y no volvi a hblar del tema, hasta hace unos meses un vecino que tiene mas de 60 años viviendo en la colonia sobre el eje 1 norte, me menciono la historia del barrendero que diario pasaba a las dos frente su casa , pero nadie lo veia y hsta su familia se ponia atenta par poderle ver

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